Brechas formativas y profesionales en el sector de la construcción en Canarias

El sector de la construcción en Canarias se encuentra en un momento de recuperación y transformación, marcado por una elevada demanda de actividad y empleo, pero también por importantes limitaciones estructurales que condicionan su capacidad de crecimiento y modernización. La construcción mantiene un papel estratégico en la economía y el territorio del archipiélago, tanto por su impacto en el empleo como por su contribución a ámbitos clave como la vivienda, las infraestructuras y la rehabilitación del parque edificado.

Pese a la existencia de una demanda sostenida de mano de obra, el sector afronta graves dificultades para atraer y retener trabajadores. Esta situación no puede explicarse únicamente por la falta de formación, sino que responde a una combinación de factores que incluyen la imagen social del sector, la rotación laboral, el envejecimiento de la población ocupada y los desajustes entre formación y condiciones reales de trabajo.

El análisis del mercado laboral evidencia que el problema central del sector no es la ausencia de empleo, sino la escasez de personas dispuestas a incorporarse y permanecer en la construcción. Las dificultades de contratación afectan a prácticamente todos los perfiles profesionales, desde los oficios tradicionales hasta los mandos intermedios y técnicos. Asimismo, se constata una desconexión parcial entre la cualificación inicial y el desempeño efectivo en obra, lo que obliga a las empresas a asumir procesos adicionales de adaptación y formación interna. Esta situación incrementa los costes empresariales y limita la capacidad del sector para responder con agilidad a la demanda productiva.

El sistema formativo vinculado al sector de la construcción en Canarias presenta una oferta amplia y diversa, pero con desajustes relevantes en términos de cobertura territorial, orientación práctica y adecuación a las necesidades reales del sector. La Formación Profesional reglada no cubre de forma específica muchos oficios tradicionales, mientras que los Certificados de Profesionalidad, aunque esenciales, presentan una programación discontinua. La formación universitaria aporta perfiles técnicos de alto nivel, pero requiere una mayor conexión con la realidad de la obra y una orientación más aplicada. En conjunto, el sistema formativo necesita reforzarse como eje vertebrador del sector, avanzando hacia modelos más flexibles, modulares y adaptados al territorio.

El estudio confirma la existencia de brechas formativas y profesionales significativas en los oficios de obra, en los mandos intermedios y en los perfiles vinculados a la digitalización, la eficiencia energética y la rehabilitación. Estas brechas no se derivan exclusivamente de la falta de formación, sino de un desajuste estructural entre formación, empleo y organización del trabajo.